Carta a las personas mayores

Carta a las personas mayores 1

Mi cuerpo no es lo que era; me cuesta agacharme, incorporarme, correr sin cansarme, saltar, subir escaleras, oír y ver con facilidad. Mi mente tampoco es como antes; olvido datos, no consigo encontrar las gafas, me cuesta memorizar información. La gente me mira y trata diferente; intentan organizar mi vida, controlar lo que como, bebo, pienso, siento, hago, digo y expreso. Probablemente no se espere ya nada de mí o puede, que sea yo quién haya decidido mantenerme de manera estática, paralizada e inerte. De todas formas me pregunto: ¿En qué momento sucedió? ¿Cuándo dejé de formar parte del mundo que me rodea?”.

Querida persona mayor:

No seré yo quien te engañe diciéndote que todo es fruto de tú imaginación. Ese sentimiento de exclusión es real y las limitaciones físicas y mentales de las que hablas son obvias y verdaderas. Aún así, tengo el presentimiento de que las engrandeces más de lo necesario, pues siempre, en cada etapa de la vida, las hemos tenido. ¿Acaso podías correr con agilidad con 2 años? ¿Con 16 años podías controlar tú vida de manera independiente? Incluso con 30 existen varias limitaciones de las que no podemos escapar pero con esa edad, apenas las notamos y ¿sabes por qué? Por la actitud.

Aunque no sea sencillo, debemos asumir que en esta etapa de la vida las pérdidas pueden ser mayores que en otras etapas; pero también es cierto que la posibilidad de la muerte es algo que nos acompaña siempre. Las cosas cobran la relevancia que queramos darles. Es importante no obsesionarse con este tema y dar esta batalla por pérdida, ya que la única persona enemiga en ambos bandos es la misma: tú.

La vejez no es sinónimo de enfermedad; todo el mundo enferma a cualquier edad y la clave de la recuperación en parte, sigue siendo el secreto que te he desvelado antes: la actitud.

Existe la posibilidad de que ahora estés pensando que a estas alturas poco puedo enseñarte; la verdad es que no me importa mucho tú edad. Conozco personas que con 20 tienen espíritu de 60 y por suerte también conozco casos a la inversa. De todos modos aconsejar nunca se me dio del todo mal y sea cual sea tú próximo cumpleaños, he de decirte que huyas del sedentarismo, de la tristeza, deja la hipocondría, las lamentaciones, la angustia y la inseguridad. Aléjate de la soledad porque nunca fue buena compañera.

Si fueras consciente de las cualidades tan increíbles que posees, jamás dudarías de ti: una mente cargada de anécdotas, unas manos rebosantes de experiencia y esos ojos que tienen tanto que decir poseen el poder de normalizar la vejez.

Las limitaciones las pones tú, siempre las has puesto tú. No eres inútil, sigues teniendo talento, capacidad y posibilidades. Involúcrate socialmente y no te mantengas al margen. Créeme cuando te digo que tienes infinidad de cosas que aportar y transmitir. Muchas personas se alegrarán de tenerte a su lado. Participa.

Es hora de que rompas con los estereotipos y prejuicios que te rodean en la sociedad. Pide que no se te infantilice, que sigan teniendo en cuenta tus criterios y opiniones porque son igualmente válidas que hace unos años.

Tu experiencia y vivencias te han enseñado a enseñar, aprovéchalo; lucha por tú autonomía, abre la mente de las personas que te rodean. Cree en ti y siempre piensa que aunque el pelo comience a ser ceniza y tu piel se arrugue, las motivaciones y esperanzas jamás lo harán.

Atrévete, ríe, sueña, viaja, ama, grita, juega, lee, llora, aprende, pregunta, mira, respira, corre, abraza, libérate, baila, se feliz.

Mi carta llega a su fin, espero tener otra ocasión en la que hablar contigo. Recuerda no preocuparte por cosas banales y sobre todo no te olvides de lo más importante: vivir.

No seré yo quien te engañe diciéndote que no lo puedes lograr, porque lo cierto es que sé que a partir de este momento lo has empezado a cambiar.

Nunca dejes de sonreír.

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2017-10-04T12:50:37+00:00

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