La inteligencia emocional se convierte en una tarea educativa de la familia si queremos que nuestro hijo o hija aumente su bienestar personal y social y por tanto, sea una persona más feliz. Para trabajar la educación emocional hay que tener en cuenta cuatro aspectos:

A continuación, presentamos algunos consejos para trabajar la educación emocional en casa:

1. Crear un apego seguro.

Responder a sus necesidades con cariño ya que deben sentir seguridad en todo lo que hagan, de modo que atenderemos a sus necesidades rutinarias de forma afectiva, creando lazos de unión fuertes y utilizando como herramienta principal la comunicación.

2. Potenciar la autoestima.

Debemos crear seguridad para descubrir cosas nuevas sin ningún tipo de impedimento, pero a su vez, creando un hogar confortable donde puedan moverse con seguridad, sin miedos y sin riesgos.

3. Decir “no”.

Algunas familias creen que esta palabra (al tener carga negativa), no es buena para el desarrollo de su hijo o hija llegando a ocasionar algún tipo de trauma, lo cual, no es nada cierto. Hay que marcar ciertos límites para que aprendan a asumir la frustración. Claro está, que toda negativa debe ir con su explicación correspondiente, intentando que comprendan la situación.

4. Dejar que hagan cosas por sí solos/as.

Tienen que aprender qué es la responsabilidad. Esta cualidad no es fácil de adquirir pero si la trabajamos conseguiremos potenciar su autoestima; ejemplos de ello pueden ser dejar que se vistan o que coman sin ayuda. Pero esta tarea se debe reforzar positivamente, haciendo comentarios y elogios por su gran esfuerzo.

5. Hablar de las emociones.

Hay que enseñarles que hay maneras aceptables e inaceptables de expresarse, es por ello que deben aprender a canalizar sus emociones para comunicarlas de forma correcta. Este trabajo se debe hacer basado en el cariño y el afecto y desde el ejemplo, donde cada persona del ámbito familiar tiene que adquirir la capacidad para expresar sus emociones en el momento y de la forma correcta. Así conseguiremos que el hablar de lo que nos pasa o de lo que sentimos sea totalmente normal.