El 30 de enero se ha constituido como el día escolar de la Paz y la No Violencia. Esto da la posibilidad a las escuelas de centrarse en este aspecto durante una jornada entera. Normalmente, se realizan actividades conjuntas con todo el alumnado del centro. Pero, lo lamentable es que con frecuencia eso es todo lo que se hace con respecto a este valor fundamental para el desarrollo de las personas y sociedades.

Pensamos que es necesario recordar que la paz no se puede enseñar como si fuera un contenido académico; no es un personaje famoso al que se le dedica un día anual; es un valor, una forma de ser y estar en el mundo, una manera de afrontar las diferencias y conflictos. Educar para la paz, es ofrecer herramientas y estrategias, y, también, mostrar ejemplos de formas de relacionarse basadas en valores positivos y de respeto. Y hacer esto, en el día a día, siendo un modelo de lo que significa vivir en base a unos ideales que abogan por la paz.

Educar para la PazSin embargo, actualmente podemos observar, en los centros de primaria y secundaria, ciertas estructuras, comportamientos y actitudes que generan discriminación, contribuyendo a establecer ambientes alejados de los valores necesarios para la convivencia pacífica. Ejemplo de esto sería la competencia que el propio sistema de evaluación establece entre el alumnado, los pocos espacios dedicados a la resolución de conflictos o al diálogo, la exclusión de las emociones dentro de los contextos educativos, etc. Es decir, en nuestras instituciones escolares sentir, conocerse y respetarse tiene todavía un largo camino que recorrer.

El sistema educativo valoriza más los contenidos racionales y la competencia por un hueco en el mercado laboral, que el tipo de relaciones que establecen unas personas con otras en la sociedad. Se privilegia el trabajo y lo racional, por encima de las personas y la felicidad.

Medios de comunicación y sociedad en general también transmiten ideas y comportamientos generadores de violencia. A través de la normalización se legitiman actitudes que atacan y discriminan al diferente.

La televisión e Internet muestran con demasiada frecuencia burlas, violencia psicológica y física e incluso la muerte de una forma frívola.

Podríamos preguntarnos, ¿a qué edad coge un niño una pistola y juega a matar?, ¿dónde ha visto y aprendido eso?, ¿por qué nos reímos cuando simula que nos mata?… Ahora este juego infantil ha cambiado, delante del ordenador niños y niñas pueden matar a esas personas que aparecen en la pantalla, conseguir puntos y ganar el juego.

Tenemos que observar de forma crítica nuestra sociedad: el bullying está en aumento en las escuelas, hay mujeres que mueren asesinadas por sus parejas, familias y personas sin hogar, guerras entre países, etc. Multitud de ejemplos de una sociedad que debería revisar sus valores para mejorar y crecer.

La paz no es la ausencia de guerra. La paz incluye la puesta en práctica de valores y comportamientos que dan felicidad, estabilidad y cohesión social.

La violencia no es solamente la existencia de guerra. Hay muchas formas de coaccionar, maltratar, infravalorar, etc.

Volviendo a nuestra labor educativa, queremos hacer hincapié en la idea de que la paz es una forma de vivir, de relacionarnos y que incluyen otros valores que niños y niñas deben aprender y practicar. Para educar en la paz todos los agentes educativos debemos fomentar:

  • La alegría: la vida es un viaje corto y debemos vivirla con alegría e ilusión, dejando a un lado el odio y rencor.
  • La paciencia: a través de la calma y de la reflexión las soluciones a los problemas son más efectivas y justas.
  • La empatía: establecer estrategias para ponernos en el lugar de otras personas y entender cuáles son sus sentimientos.
  • El diálogo: dotar de herramientas que permitan solucionar las diferencias y conflictos con la palabra y no con la violencia.
  • El respeto y la tolerancia: hacer entender que cada persona es diferente y que hay que respetar esas diferencias a la vez que respetan las nuestras.
  • El perdón: saber escuchar, comprender y perdonar se convierte en una herramienta fundamental para la resolución de conflictos.
  • La confianza: enseñar a los niños y niñas a confiar en sus conocimientos y decisiones, a que encuentren los caminos que les van a generar mayor felicidad, y a que vivan confiando en las demás personas, porque de esta manera no tendrán una actitud defensiva ante la vida pero si la capacidad de decidir qué personas merecen esa confianza y cuáles no.

¿A quién es necesario educar para la paz? Evidentemente debemos comenzar a transmitir estos valores a los niños y niñas, pero las personas adultas, debemos concienciarnos, revisarnos, buscar las herramientas que tengamos a nuestro alcance para convertirnos en motores generadores de paz y de justicia social. Por este motivo, desde Educambia os invitamos a esta reflexión: ¿En qué valores estamos educando?