En muchas ocasiones saber afrontar la etapa de la adolescencia es una tarea ardua para padres y madres, profesorado y los propios adolescentes. Este período que comienza alrededor de los 10 u 11 años provoca una serie de cambios físicos y psicológicos que pueden desencadenar en comportamientos agresivos o desafiantes poco deseables.

Cuando aparecen estos síntomas, saltan todas las alarmas y las personas que convivimos con adolescentes nos encontramos totalmente desbordadas, pero es importante tener en cuenta que los problemas de conducta en la adolescencia son muy normales. La búsqueda de la independencia, el encontrar un camino propio, el cuestionamiento de las normas, etc. hacen que muchos jóvenes no afronten las situaciones de manera correcta. Nuestro trabajo consiste en guiarles, acompañarles y mostrarles estrategias adecuadas para saber cómo manejar sus emociones y resolver conflictos de una manera sana.

No obstante, no debemos generalizar ya que aunque estas conductas son normales a determinas edades no siempre encontraremos ni alumnos conflictivos, ni jóvenes con problemas de conducta.

La lectura de libros sobre psicología para adolescentes rebeldes o la asistencia a sesiones de terapia pueden ser una opción para afrontar este problema, pero existen varias estrategias más cómodas que utilizadas correctamente os ayudaran en esta tarea; a continuación os presentamos algunas de ellas:

Diálogo y comunicación:

El diálogo y la comunicación son claves muy importantes. Desde la infancia debemos hablarlo todo, llegar a acuerdos y consensos. No todo es blanco o negro ya que los términos absolutos no son buenos consejeros. Las frases “porque yo lo digo” o “harás lo que yo te diga porque soy tú madre” originan resentimiento y en la mente adolescente pueden ser el detonante del comportamiento agresivo ante la búsqueda de esa independencia que mencionábamos antes.

Estilo educacional democrático:

El estilo educacional democrático es muy adecuado. Aquí se respeta la individualidad y la intimidad del adolescente pero a la vez se inculca el sentido de la responsabilidad, el fomento de los comportamientos positivos y se establecen límites comprensibles para ellas y ellos. Dejemos que tomen sus propias decisiones ante la vida, porque de esta manera desarrollarán un autoconcepto realista. Es importante que les guiemos en este sentido, pero sin imponer nuestros deseos rotundamente.

Tolerancia:

Ser tolerantes con los cambios y las actitudes nuevas. Hacerles ver que a pesar de no estar de acuerdo con muchas de sus decisiones, seguimos queriéndoles. Es por esta razón que no podemos ceder siempre a sus demandas y al igual que podemos empatizar con sus inquietudes, deben entender nuestra preocupación.

Libertad y responsabilidad:

La búsqueda de libertad en la adolescencia es un sentimiento muy fuerte, por ello podemos brindarla de manera que la obtengan, pero siempre generando el sentido de la responsabilidad. Por ejemplo, autogestionando su paga mensual o semanal, animarles a encontrar un pequeño empleo que les permita estudiar y pagarse su ropa, ocio, etc. Transferir responsabilidad al adolescente es algo muy positivo para un adecuado desarrollo de la madurez.

Emociones:

Ayudarles a gestionar sus emociones, comprenderlas, hablar sobre ellas y no reprimirlas. El enfado, la culpa, alegría, preocupación, ansiedad, etc. son características de cualquier persona y nadie debe sentir vergüenza al expresarlas.

Todo acto tiene unas consecuencias:

Hacerles ver que todo acto ya sea positivo o negativo tiene unos efectos y debemos ser consecuentes con nuestras decisiones. Al experimentar que con un comportamiento pasivo agresivo obtienen unas retribuciones nefastas y por el contrario, con un comportamiento cooperativo y dialogante obtienen mejores resultados, posiblemente optarán en muchas de sus decisiones por la segunda opción.

Evitar discusiones:

No insultarles, reprocharles ni mostrar resentimiento. Si lo hacemos les daremos carta libre para que hagan lo mismo. Ayudarles a entender que las discusiones no llevan a ninguna parte, solo sirven para crear un ambiente descontrolado y negativo.

Motivación:

Motivarles para que lleven a cabo sus sueños y aspiraciones, esto hará que nos vean como alguien en quien pueden contar y confiar.

Emociones:

Ayudarles a gestionar sus emociones, comprenderlas, hablar sobre ellas y no reprimirlas. El enfado, la culpa, alegría, preocupación, ansiedad, etc. son características de cualquier persona y nadie debe sentir vergüenza al expresarlas.

No olvidéis que aunque a veces nos resulte muy complejo, para saber cómo tratar a jóvenes con problemas de conducta es relevante poner en práctica la empatía, comunicación y tolerancia, ya que bajo esa actitud que tanto nos cuesta entender, muchas veces solo se esconde la necesidad de sentir apoyo, respeto y comprensión.