Desde hace algún tiempo los términos educación de calle y desarrollo comunitario se encuentran visibles en diferentes medios, aunque la definición de los mismos resulta aún un tanto desconocida.

¿Qué es educación de calle?

Se puede decir que es una intervención en medio abierto (la calle) por parte de educadores y educadoras sociales, cuyo objetivo es conectar con la realidad de las personas y acompañarlas en un proceso de mejora educativa y social. En la intervención se utilizan proyectos y programas socioeducativos elaborados previamente.

¿Qué hace un educador de calle?

Calle de un barrio desfavorecidoComo su propio nombre indica la calle es su lugar de trabajo, la recorre, explora sus rincones y analiza los problemas que pueden tener jóvenes, adolescentes y población de riesgo en general. Utiliza la pedagogía de la relación y acompañamiento, entabla conversaciones y se integra en la telaraña social que entraña un barrio para comprender y tomar conciencia de la complejidad del entorno. Algunos consejos útiles los encontraréis aquí.

Todo ello se realiza desde diferentes niveles de actuación: equipo de educadores y educadoras de calle especializados, instituciones, familias, menores y barrio.

El perfil del educador o educadora de calle es muy variado y no existe uno único para definir a la totalidad de los profesionales que nos dedicamos a esta profesión; no obstante, tenemos algunos aspectos en común: responsabilidad, implicación, vocación, profesionalidad, empatía, tolerancia, respeto, intuición, transparencia y manejo de las habilidades sociales.

Por otro lado, el rol del educador de calle y las tareas que realiza son muy numerosas. Algunas de sus funciones son:

Funciones:

  • Conocer el barrio o barrios donde se centre la intervención. Analizar la realidad.
  • Detectar situaciones de riesgo y ofrecer soluciones.
  • Facilitar y apoyar todas las condiciones que favorezcan el desarrollo personal.
  • Prevenir conductas delictivas.
  • Potenciar el desarrollo integral de la persona y su aprendizaje.
  • Sensibilizar a la sociedad y a las instituciones sobre la marginación.
  • Mediar entre familia e instituciones (escolares, penitenciarias, etc.).
  • Facilitar la integración y participación.
  • Compensar las desigualdades generadas por la sociedad y el modelo de vida que se nos impone desde diferentes medios.
  • Presentar nuevos estilos de vida y estimular posibilidades de futuro.
  • Despertar mentes críticas y la conciencia de autonomía y madurez.

Las áreas de intervención en las que trabaja el educador social de calle son varias, ya que para conseguir cambios significativos se debe actuar en todas las dimensiones de la persona y así, lograr una mejora integral. Estas áreas son las siguientes:

• Área familiar.

Esta área cobra especial protagonismo por ser el primer agente de socialización y marco de referencia. Es importante analizar si los problemas surgen desde este ámbito para programar una correcta intervención. Implicar a la familia en el proceso socioeducativo es esencial.

• Área escolar y formativa.

El absentismo y fracaso escolar suele ser un factor común en la mayoría de chicos y chicas que tienen algún problema. Ya sea por desmotivación, frustración o exclusión. Desde las instituciones escolares, dar respuesta a este tipo de necesidades es complicado porque en la mayoría de los casos desconocen cuáles son los pasos a seguir. Es importante mantener una estrecha relación con el profesorado, trabajar conjuntamente y motivar al alumnado hacia la experiencia tan gratificante que aporta el saber.

• Área de ocio y tiempo libre.

Para los niños y niñas cuya escolarización no está muy normalizada o tienen una situación familiar complicada, el tiempo de ocio es casi la totalidad del día. Disponen de un horario muy amplio para dedicarlo a lo que deseen y en muchas ocasiones, no saben utilizarlo correctamente. Proponer alternativas de ocio positivo, no consumista, sano y creativo mediante actuaciones es esencial.

• Área relacional.

El grupo de iguales cobra especial relevancia a determinadas edades. Consideramos importante programar intervenciones que ayuden a crear un entramado social y relacional positivo, para que los chicos y chicas aprendan a pensar con autonomía, adquieran confianza y participen en su grupo de iguales sin influencias negativas.

• Área de salud.

Las carencias en cuanto higiene personal y alimentación también son frecuentes en chicos y chicas con problemas familiares y/o sociales. Trabajar para la prevención de enfermedades y el conocimiento del propio cuerpo es relevante para lograr una mejora en la calidad de vida, la aceptación del cuerpo y paliar la inseguridad y desconfianza.

Por último, decir que la educación de calle no consiste en realizar actos asistencialistas ni llevar a cabo una simple mediación entre la persona y su entorno; va mucho más allá, intenta que las personas sean libres, consigan madurez y realización personal, sean conscientes, realistas y mantengan un espíritu crítico.

No existe un manual de educador de calle que constituya la panacea para resolver los problemas que encontraremos en la calle, pero mediante la búsqueda de alternativas y una correcta acción social y educativa, conseguiremos ayudar a quiénes la vida no ha tratado con demasiada generosidad.